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Fecha de publicación: Domingo, 01 de Diciembre de 2019 Hora: 08:51:19

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Por: LUIS TARRÁ GALLEGO 

 

Seis décadas de la última comunicación recibida desde el vuelo fatídico HK 515 de la Sociedad Aeronáutica de Medellín (SAM), que cubría la ruta San Andrés - Cartagena - Medellín, se cumplen a las 11:57 minutos de este domingo 8 de diciembre de 2019.

 

Ese contacto postrero, se dio cuando el capitán de la aeronave Ricardo Fehrenbach Carrasco habló con la torre de control del entonces Aeropuerto de Crespo en el punto de chequeo conocido como PC -2 (Pepe Charles dos); cuando volaba sin contratiempos a 9.500 pies de altura, a los 49 minutos de haber despegado del Aeropuerto Sesquicentenario, como inicialmente se llamó, del Archipiélago de San Andrés islas con 46 personas a bordo, de estas 34 mujeres, de las que SAM solo reportó 43 nombres oficialmente y, de quienes jamás se volvió a tener noticias.

 

TRIPULACIÓN

 

La aeronave, con una tripulación integrada por el veterano piloto Ricardo Fehrenbach Carrasco, 28 años de edad al momento de la tragedia y tres de estar al servicio de SAM como comandante, hijo de padre alemán y madre colombiana, quien se había casado con la barranquillera Amiete Teape de ascendencia alemana en 1953, unión de la que quedó una hija de tres años de edad; el copiloto Luis Eduardo Niño Herrera, 32 años al momento del fatal desenlace, también bogotano y vinculado a la aerolínea desde su fundación en 1950 y la joven auxiliar de vuelo Lucía Escobar Cañas de 19 años de edad, quien por fatalidad y en su primer vuelo como empleada de SAM ocupó el puesto de la titular Margoth Solórzano, que esa mañana presentó un cuadro febril extremo que le impidió incorporarse al equipo de tripulantes.

 

EL HK 515

 

Era un bimotor Curtis C - 46 de fabricación inglesa y uno de los últimos modelos utilizados exitosamente contra los alemanes en la II Guerra Mundial a cuyo final fueron reconvertidos en aviones civiles para transporte mixto, con capacidad de 6 toneladas de carga y 52 pasajeros. 

 

Su recia estructura los hacía superiores a los Douglas DC - 3 americanos, por su indiscutida sustentabilidad, condición que según suposiciones de prensa de la época pudieron haber servido para que se fuera a pique prontamente sin desintegrarse tras chocar contra el mar, arrastrando en su vientre al pasaje completo a las profundidades del  Caribe, sin dejar rastro siquiera de manchas de petróleo, que fácilmente pudo haber avistado el HK 503 de SAM que dos horas después y con solo un pasajero a bordo hizo la misma ruta hasta Cartagena, en medio de la borrasca de fuertes vientos y olas de hasta 15 metros de altura, que predominaron en el área el día del fatal accidente y subsiguientes, según reportes periodísticos de entonces.

 

ITINERARIO

 

Fueron un éxito para SAM y otras aerolíneas los itinerarios hacia San Andrés y Providencia desde que en 1954 el dictador Gustavo Rojas Pinilla construyera el aeródromo que llevaría después su nombre y de que complementariamente, como una redención económica declarará verbalmente al archipiélago como Puerto Libre, lo que oficializaría unos días después del accidente el presidente Alberto Lleras Camargo al sancionar la Ley 127 de 1959.

 

El trayecto era muy popular, pues la gente aprovechaba para turistear y de paso traer al continente mercancía importada sin aranceles para negocio y regalos, especialmente en época decembrina, casi siempre sobrepasando el cupo legalmente permitido, como pudo haber ocurrido en el enigmático accidente. 

 

Ello, igual a lo sucedido en 1955 con el destructor ARC Caldas, que perdió 8 tripulantes al soltarse las amarras del matute que traían sobre cubierta y de los cuales solo uno logró sobrevivir, cuyo testimonio se convirtió en un seriado periodístico de El Espectador, escrito por el periodista Gabriel García Márquez, que más tarde se editaría como 'Relato de un náufrago'.

 

Hasta el momento del fatal incidente del HK 515 de SAM nunca se había declarado una emergencia aeronáutica de envergadura en las rutas desde y hacia San Andrés, a pesar del riesgo que significaba volar sobre el mar durante al menos 2 horas y media. 

 

AMORES Y ENCUENTROS TRUNCADOS

 

Por lo menos dos matrimonios anunciados y otros reencuentros de pasajeros del fatídico vuelo  que se perfilaban emotivos no pudieron realizarse; El primero, el del copiloto Luis Eduardo Niño Herrera, que tenía previsto casarse a finales de ese 1959 con una joven paisa solo identificada como Cecilia, que inquietamente estuvo durante los días de la búsqueda a la espera de noticias de la aeronave en el antiguo aeropuerto Las Palmas de Medellín.

 

El segundo, el del ingeniero civil Hernán García Sepúlveda, trabajador de la fábrica de medias Pepalfa, comprometido en matrimonio con Edilma Moreno Sierra, unión aplazada en varias ocasiones por diversas circunstancias, la última por una grave enfermedad del padre de la novia que pidió postergarlo y quien falleciera tiempo después sin poder presenciar el enlace.

 

García Sepúlveda había viajado a San Andrés a comprar el ajuar de la novia y la cubiertería para la realización de la ceremonia que se cumpliría en marzo siguiente, a lo que no sobrevivió.

 

También el caso del comerciante Hernando Cuéllar que viajó a San Andrés, como solía hacerlo regularmente, en plan de negocios y también para adquirir los regalos y sorpresas para la celebración de los quince años de su hija Fanny Cuéllar Calderón, que finalmente no llegaron. 

 

PREMIO Y AGUINALDO

 

La tragedia también se vistió de estímulo al buen desempeño estudiantil, como ocurrió con Mercedes Reason, una estudiante sobresaliente de cuarto año de la Escuela Normal de Señoritas de Cartagena, a quién el premio por su buen desempeño lectivo se le convirtió en la pesadilla fatal de su vida.

 

Igualmente, el caso de Nelda Watts de Batista una ama de casa cartagenera que viajó a comprar los aguinaldos y Niño Dios de sus tres hijos y que también pereció en el infausto accidente; frente a su casa, el enviado especial de El Espectador Alfredo Pontón, recogió varios de los más dicientes registros del dolor que embargó a familiares y sociedad en general, que por lo menos durante una semana abrigaron la esperanza de encontrar la aeronave en algún lugar de tierra firme en Panamá, Costa Rica o Nicaragua, pero  finalmente todos, tuvieron que resignarse a realizar velatorios simbólicos.

 

SUERTE Y FATALIDAD

 

La de la auxiliar de vuelo o cabinera titular Margoth Solórzano, que no pudo abordar el vuelo por cuenta de una afección febril que la mantuvo en cama y que fuera reemplazada por la novel Lucía Escobar Cañas.

 

Así mismo, la del pintor Víctor Díaz Herrera que había viajado a trabajar una semana antes a San Andrés con su tío Tomás Díaz, con viaje de regreso programado para el domingo anterior; ese día, cedió su puesto a su tío para embarcarse el martes siguiente en el vuelo mortal.

 

James Curson, propietario del Hotel Quinta Avenida de Cartagena, quien tras varios intentos de viajar a San Andrés para comprar un barco para negocio turístico, fallidos por las dos cancelaciones premonitorias de sus reservas hechas por su mujer, finalmente viajó a escondidas encontrando la muerte.

 

Sonia Montoya Vargas, empleada de contabilidad antioqueña y que regresó posteriormente en otro vuelo a Medellín, vendió por $50 de la época su puesto a una señora que afirmó tener urgencia en viajar a la capital paisa. 

 

Esther Flórez, Aura Álvarez, María Saldarriaga y Roselina de Arteaga vecinas y amigas de las calles Ecuador y Venezuela del barrio Venecia de Medellín se fueron a San Andrés a turistear y comprar mercancías y perecieron en el HK 515.

 

Cinco años atrás un pequeño avión que cubría esa ruta se perdió sin que nunca se volviera tampoco a saber nada de él. 

 

ESPERANZAS PERDIDAS

 

Esas posibilidades se sustentaron con las noticias falsas de que al HK 515 se le había visto caer envuelto en llamas en algún lugar de las cercanías del corregimiento bolivarense de San Cayetano, en Montes de María, según revelaron unos campesinos que aseguraron también haber escuchado luego una fuerte explosión. 

 

De igual forma, la afirmación de un joven radioaficionado que reportó la falsa información de que en San Blas, a 45 minutos de la costa colombiana, se había visto el SAM desaparecido, según lo reportado por el capitán del HK 400 de Aerocóndor. 

 

Luego, el avistamiento por parte del Aerotaxi HK 210 de un zapato del pie izquierdo y dos trajes de color azul de tallas adulta y de niño en la costa de Mulatos y de la versión de unos indígenas panameños que finalmente encontraron el 22 de diciembre, junto con varios zapatos, en la isla de San Blas, el tren delantero y su rueda, único elemento de la aeronave rescatado, que fue plenamente identificado como del HK 515 por el jefe de mantenimiento de SAM Bob Glebbing.

 

BÚSQUEDA INFRUCTUOSA

 

Pese a que las labores de búsqueda se iniciaron dos horas después del último contacto radial y 15 minutos después de declarada la emergencia por parte de la torre de control del Aeropuerto de Crespo en Cartagena, a donde inicialmente debía aterrizar la aeronave para seguir hacia su destino final Medellín, tras la declaratoria de SAM y Aeronáutica Civil "de no estar en capacidad de informar sobre la localización del avión".

 

Estas acciones se desarrollaron en un área establecida inicialmente en 200 millas, que después se extendió a 250 y, en las que participaron durante ocho días consecutivos aviones y barcos de Colombia y Estados Unidos de América.

 

OTROS DATOS

 

A pesar de las puntuales condiciones de mantenimiento del HK 515, una aeronave considerada como de las más seguras en su tiempo, y de estar al mando de una tripulación experimentada, con una autonomía de vuelo de seis horas, lo que le daba la posibilidad en caso de emergencia de hacer más de dos veces y media el trayecto de San Andrés a Cartagena, su abrupta desaparición sigue siendo un misterio.

 

El área en donde se presume cayó el HK 515, de acuerdo a cálculos de su eventual recorrido por el tiempo de vuelo transcurrido al momento del último contacto radial, está a 90 millas de Cartagena y la profundidad del mar en ese lugar se estimó en unos 1.800 metros.

 

Seguirá siendo un misterio el hecho de que a pesar de estar el HK 515 provisto de tres botes salvavidas con capacidad para 20 personas cada uno, que se inflaban autónomamente entre 2 y 5 minutos, los 46 ocupantes efectivos de la aeronave no hubieran hecho uso de ellos al momento del accidente, pues nunca hubo rastros de ellos. 

 

RESCATE FALLIDO

 

En las operaciones de búsqueda que se iniciaron formalmente a la 1:30 de la tarde del 8 de diciembre de 1959 con el sobrevuelo de la zona en la que se suponía pudo haber caído el HK 515 por parte de los SAM HK 116 y 127 se unieron el HK 690 de la Fuerza aérea Colombiana (FAC) dos aviones y un helicóptero de los Estados Unidos de América al mando del jefe Operación Rescate teniente Madieras de la Base Albrook de la Zona del Canal de Panamá y las embarcaciones ARC Almirante Brion, ARC 7 de agosto y el remolcador ARC Pedro de Heredia.

 

De igual forma, desde las 3 de la tarde de ese día y hasta el final de la operación de búsqueda, se unieron por instrucciones perentorias de la  Aeronáutica Civil, todos los aviones que sobrevolaron la zona, tras confirmarse la Declaratoria de Emergencia del HK 515.

 

Epílogo

 

A las 12 de la noche del martes 15 de diciembre de 1959, una semana después de la desaparición misteriosa del HK 515 se dio oficialmente por perdida la aeronave, aunque las labores de observación de los que sobrevolaron la zona prosiguieron durante un mes más.

 

Jamás hubo entierro simbólico de las víctimas en altamar a pesar de la presencia de la Armada en las labores de búsqueda.

 

 

Lista de pasajeros reportada

 

Tripulación:

Ricardo Fehrenbach Carrasco, piloto

Luis Eduardo Niño Herrera, copiloto

Lucía Escobar Cañas, auxiliar de vuelo o cabinera

 

Con destino a Medellín:

Marina Arcila, Rosa Pérez, Teresa de Agudelo, Rosalinda de Arteaga, Marina de Saldarriaga, Jesús Aguilar, Piedad y Teresa Botero, Tulia Agudelo, Gabriel Llanos, Aura Álvarez, Esther Flórez, Hernando Uribe, Matilde Villegas, Gloria Marín, Elvira Salazar, Aura Escobar, Rosa Escobar, Emilio Restrepo, Blanca González, Hernán García, Alicia Cadavid, Gilberto Villegas, Leonor de Villegas y Ángela de Villegas.

 

Con destino a Cartagena:

Julián Guerrero, Neila de Watts, Martha Peña, Olga de Ochoa, Ines Emely Barrios, Blanca Hernández, Rafael Hoyos, Leonor de Correa, Sara Ortiz, Rosa Ortiz, Mercedes Reason, Hernando Cuéllar, Eduardo Bueno, Gloria Bueno y María Palacio.

 

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