Opinion

Fecha de publicación: Martes, 04 de Septiembre de 2018 Hora: 09:18:58

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PUNTA DE LANZA
Por Senén González Vélez
senengonzalezvelez@hotmail.com

La situación de la hidalga ciudad, pasa por uno de los momentos más críticos en veinte años a la fecha, no solo por lo difícil que se ha hecho su manejo administrativo y por la galopante corrupción que carcome la cosa pública, sino por los extraños sucesos que pareciera estuviera inmersa en un espíritu “babelesco”, en que nadie entiende a nadie, y quizás por eso el mismo el gobierno central, no ve con claridad, hacia donde quiere ir Cartagena, ante la lucha desbocada por los intereses políticos, mas, que por salvar la vida y desarrollo social de la ciudad.


Sin duda, hay un caos, con sabor a maldición o, lo que popularmente llaman saladero, la prolongación de las interinidades, es propia de la inseguridad por parte de quienes deben resolver los reemplazos, y, esa incertidumbre, se genera, porque se ha perdido la confianza en sus dirigentes, muchos de los cuales visten de paloma, para actuar después como hambrientos gavilanes.


Por ello entiendo, que el gobierno de Duque, se ha tomado su tiempo, para no actuar caprichosamente y para evitar la vergüenza de repetir unas elecciones que costaron dinero, para luego declararlas nulas; aquí debería el estado hacerse un juicio de responsabilidades, porque el termino, a sabiendas, esta saliendo a relucir, ante el defecto que causa un impedimento sabido y anunciado, y la tirada a la basura de los costos de una elección.


No está el país, para botar el dinero, y si el derroche viene del anterior, ahora hay que dar el ejemplo de austeridad en el gasto público; ahora bien, para que haya justicia, se deberá poner el espejo retrovisor, como lo hizo el saliente, el que no solo fomentó la polarización, sino algo peor, sembró la duda ante el país, estrategia que por fortuna no germinó y por el contrario el pueblo destacó a Duque eligiéndolo como presidente de Colombia.


El alcalde de Cartagena, debe tener la suficiente solvencia moral e independencia, para ver con claridad la ciudad, debe sacudirse de las larvas políticas o de las rémoras que viven pegadas a las arcas del Distrito.


No más sinvergüencerías, mano firme y el que la haga, que la pague.


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