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Por ETHEL HERNÁNDEZ PULGAR
Abogada Especialista y MG en Derecho Administrativo- Docente Universitaria.
El tema de la PANDEMIA se ha constituido en una realidad con la que debemos convivir los humanos en el mundo; es importante resaltar, aparte de las consecuencias que ha traído convivir con el virus y sus distintas cepas; relacionadas con los elementos de bioseguridad para evitar el contagio, las cifras que a diario revela el Gobierno nacional sobre la letalidad y rapidez de contagio que tiene dicho virus; lo que de alguna manera nos mantiene entretenidos con relación a otros objetivos no menos importantes que se han visto afectados con los cambios que ha traído a nuestras vidas la ya mencionada PANDEMIA; específicamente nos referimos a la alta deserción de estudiantes en todos los niveles.
Cuando nos referimos a todos los niveles es a todos los niveles, entiéndase pre – escolar, primaria, bachillerato; formación para el trabajo e Instituciones de Educación Superior; deserción esta que afecta financieramente tanto a las Instituciones Educativas Públicas como a las privadas, independientemente de si existe en ellas o no, gratuidad en las matrículas; estrategia que, como incentivo a incluido el Gobierno para mantener el sector educativo, hoy en crisis, a pesar de la lucha que los establecimientos educativos de todos los sectores y niveles vienen dando para reactivar el sector.
Sin embargo, los esfuerzos que hacen tanto el Gobierno a Nivel central como los entes territoriales aún no alcanzan a cubrir las necesidades de nuestros muchachos, considerando que, en los hogares de estratos bajos es en donde encontramos núcleos familiares más grandes, con más muchachos en edades escolares o de educación en cualquiera de sus niveles.
Disponer de uno o más elementos tecnológicos para que ellos accedan a su formación desde la virtualidad les ha traído complicaciones a muchos, pues el salario no alcanza para adquirir un aparato al menos por familia para que todos tengan acceso a sus clases de manera cómoda, eficiente y con calidad.
Si bien algunos padres de familia han manifestado el significativo ahorro en útiles escolares por la virtualidad, el mismo no ha sido suficiente para cubrir el valor de herramientas tecnológicas necesarias para mantenerse vinculados a sus instituciones.
Lo anterior, nos lleva, además, a otra reflexión: ¿Están nuestros niños y jóvenes recibiendo una educación de calidad? ¿Dónde están las mediciones de este tipo?, ¿quién las revela de manera clara y sin ocultar la realidad que viven hoy tantas familias que se afanan por que sus muchachos se eduquen y puedan llegar a ser competitivos con posibilidades de empleos dignos que los ayuden a superar la pobreza?
Hoy la gran esperanza es la vacuna, pero no perdamos de vista que la vacuna no acaba con los riesgos de contagio y que seguiremos viviendo unos años más con la amenaza del Covid – 19 y sus distintas cepas, pero que eso no se constituya en un distractor que nos lleve a olvidar ¡LA CALIDAD! en la educación de nuestros jóvenes, por cuanto en la educación está una de las posibilidades ciertas, reales y eficaces para superar la pobreza.
De ahí mi inquietud a través de estas líneas para llamar la atención de instituciones gubernamentales, instituciones educativas y padres de familia.
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